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Norma Segades
Santa Fe, Argentina
La mujer de los rezos
En vísperas del luto irrevocable, cuando no hay más que desgarrar tinieblas, cuando la sangre es un aliento inmóvil y las lenguas de arena fugitiva impacientan el miedo, cuando se quiebran voces amarillas con la furia desnuda del silencio y hay rumor de pestillos oxidados y distancias y fiebres y gemidos y garras de ceniza han trazado una raya en los espejos, su figura de gárgola raída vigila los umbrales a la luz mortecina de las velas que consumen recuerdos y eleva sus endechas desdentadas desde el ritual nocturno de los rezos. Es ella, la que aguarda en los rincones, la que custodia el llanto y el destierro, la que conoce el gesto, la consigna, la pregunta final... y la respuesta, la que asedia los párpados exangües por la orilla del velo, la que conoce el tiempo y la liturgia, los rostros primordiales del que espera junto al perfil menguante de la luna y cuyo nombre no ha de revelarse hasta que callen todas las trompetas y ardan negros jinetes en el cielo, la que exhuma jirones balbuceantes para construir antiguos talismanes que protejan las huellas... porque es preciso el viaje y el abismo y el río que se oculta en la memoria y el resplandor lejano de fogatas en los ojos vacíos del barquero. Es ella: la nodriza, la que mece el último destino de los sueños, la pálida hilandera de esta trama donde la vida sólo es el reverso, la testigo implacable del llamado, la que de tanto acompañar ausencias es una sombra más entre las sombras... una tallada máscara de arcilla cobijando el asombro de los muertos.
(Inédito en libro)
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